El maldito “talle único”

 

¿Alguien puede ser tan idiota como para pensar que las personas son todas del mismo tamaño? No, definitivamente no. Es sólo que los que tenemos medidas diferentes de lo “normal” no tenemos derecho a elegir nuestra ropa. Estamos condenados a pasar horas buscando entre prendas hermosas que jamás vamos a poder usar hasta encontrar los dos o tres modelos, por lo general bastante “conservadores”, que vienen en talles grandes.

Las gorditas no podemos ser juveniles; tenemos que usar ropa de señora. De hecho, ser joven y gorda a la vez debe ser alguna clase de delito, porque nunca he visto que a las muchísimas señoras grandes entradas en kilos alguien las insulte por la calle, como sí nos ocurre cada tanto a las jóvenes demasiado curvilíneas. La verdad que no se me ocurre qué mal podemos estarle haciendo a nadie mediante la forma de nuestro cuerpo. ¿Será que algunos hombres consideran un desperdicio imperdonable que una “descuide” un cuerpo que debería ser hermoso? ¿Estamos usurpando un lugar entre la juventud que le pertenece en realidad a las flacas?

A veces me da curiosidad saber qué pensarán las vendedoras (siempre flacas, por supuesto) de los negocios de ropa, cuando me ven mirar embelezada un vestido que nunca voy a poder usar, o cuando pregunto si una prenda viene en talles grandes. ¿Les parecerá injusto que todo lo que ellas usan y prácticamente todo lo que venden esté fuera de mi alcance? ¿Les parecerá desubicado de mi parte pretender vestirme “como flaca”? ¿Les causará gracia mi esperanza de vestirme “como si fuera una persona normal”?

Siempre que salgo a comprar ropa vuelvo angustiada e indignada. Más de una vez estuve a punto de insultar a alguna cándida vendedora que insistía en que me probara un pantalón elastizado y de tiro alto, porque “eso es lo que más me favorece por la forma de mi cuerpo”. ¡Mentira!¡Son horribles! Es sólo que eso es lo que viene en talles grandes. Y me miran llenas de asombro cuando les digo que no me los pienso probar, que ya sé que no me gustan. Me miran como diciendo (aunque nunca lo dirán en voz alta porque no es políticamente correcto) “¡pero si sos gorda! Esto es lo que te corresponde”.

No soy un extraterrestre ni soy deforme, sólo soy una chica gorda. Pero el mundo de la ropa bonita me está vedado. Eso que tantas chicas hacen cotidianamente con tanta naturalidad, para mí es una tarea agotadora y mortificante. ALGO tengo que usar, así que no tengo más remedio que terminar consumiendo lo único que el mercado tiene para ofrecerme. Tengo que vestirme como una vieja, o cuanto mucho como un hombre (porque la ropa masculina sí viene en distintos talles). Tengo que resignarme a ocupar el lugar que me está designado. Tengo que cumplir mi condena por haber cometido el pecado de no tener el cuerpo que otros piensan que debería tener, y tengo que sentirme miserable y quedarme a un costado, para no molestar.

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Publicado el marzo 17, 2012 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. muy Bueno

  2. genial a mí me pasa lo mismo

  3. ups¡ me he dejado llevar.. genial lo que has dicho ,no que me pase lo mismo

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